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Desde el campo de la Psicología Clínica nuestra metodología de trabajo se basa en llevar a cabo una evaluación completa a través de cuestionarios, entrevista con el niño y con los padres, con el fin de disponer de los datos suficientes para realizar el plan de tratamiento que se considere más viable. En ese punto, expondremos paso a paso los objetivos de intervención y las técnicas más adecuadas para su cumplimiento.

Entre ellos, las dificultades que tratamos son:

Con todo ello, desde una corriente cognitivo-conductual, ofrecemos tratamientos científicamente validados con el objetivo de hacer nuestro trabajo de la forma más eficaz y en el menor tiempo posible.

En muchos aspectos, la infancia y la adolescencia son las etapas más importantes dentro del desarrollo, siendo cruciales para la formación de la personalidad, del proceso de aprendizaje, así como de habilidades que van a intervenir en gran medida sobre nuestro estado emocional, la forma de relacionarnos con los demás, afrontar situaciones difíciles… Por lo tanto, existen diversos factores muchas veces relacionados entre sí, a los que debemos prestar una especial atención para favorecer el correcto desarrollo de la personalidad del niño y adolescente.

La autoestima: Es la valoración que hacemos de nosotros mismos sobre la base de las sensaciones y experiencias que hemos ido incorporando a lo largo de la vida.

El concepto que tenemos de nosotros mismos no es algo heredado sino aprendido de nuestro alrededor, mediante la valoración que hacemos de nuestro comportamiento y de la asimilación e interiorización de la opinión de los demás respecto a nosotros. En la infancia la autoestima es especialmente vulnerable, y las inseguridades propias de la edad o el temor a enfrentarse ante nuevos retos u obstáculos, entre otros, pueden jugar un papel fundamental sobre la integridad de ésta.

Habilidades sociales: Son un conjunto de capacidades que permiten el desarrollo de un comportamiento adecuado ante las diferentes situaciones sociales en las que nos encontramos (en casa con la familia, en clase, con los amigos,…). Ante un déficit en estas habilidades, el niño o adolescente es probable que presente comportamientos que le acaben perjudicando o dificulte su integración en su grupo de amigos, en clase, etc.

Habilidades de afrontamiento o solución de problemas: la capacidad que tenemos para afrontar las dificultades y la forma en la que las resolvemos. Desde una edad muy temprana, el niño va aprendiendo estrategias para resolver problemas, tomar decisiones y enfrentarse de una forma eficaz al día a día. Aunque muchas de estas estrategias se aprendan por parte de los padres o familiares, es imprescindible que el niño también las aprenda por sí mismo para que en el futuro y de manera autónoma, sea capaz de tomar decisiones y de enfrentarse a los problemas de la forma más eficaz posible.

Emociones: tanto positivas como negativas tienen una utilidad adaptativa ya que favorecen la autodefensa y la superviviencia. Sin ellas aunque supiésemos lo que hay que hacer, no lo haríamos, puesto que nos mueven a la acción. Funcionan entonces como señal de alarma y nos indican que debemos reaccionar de una forma u otra. El problema es que en algunas ocasiones se pueden volver difíciles de controlar. Emociones en principio adaptativas, como por ejemplo el enfado, que nos indica que hay algo que no nos gusta y que debemos cambiar se puede volver desadaptativo y generar problemas de comportamiento, como agresividad, insultos, peleas o dificultad para acatar las normas.


Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA)

En las etapas de adolescencia y juventud, los TCA han aumentado de forma considerable en los últimos 30 años. Los más conocidos son la Anorexia nerviosa, Bulimia nerviosa y Trastorno por atracón.

Estudios epidemiológicos recientes apuntan además a un  aumento de adolescentes que se encuentran en situación de riesgo de padecerlos, lo que lleva a considerarlos como un problema de Salud Pública. Se trata de trastornos en los que el comportamiento respecto a la alimentación se ve gravemente alterado y en cuya base hay una importante alteración psicológica.

Afortunadamente, a pesar de la dificultad que entrañan dichos trastornos, existen tratamientos psicológicos eficaces para abordar los TCA desde una perspectiva de mejora en la calidad de vida de los pacientes que lo padecen.

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